
Hoy conocí a una niña que a los tres años y medio no conoce la playa!!!!!!!!.. Sí, repito: no conoce la playa. Y no es que viva en una ciudad sin mar, es que sus padres consideran que es muy pequeña para exponerla a tal situación. Por supuesto así como la playa hay muchos otros lugares que aún no conoce y por ende situaciones que no sabe manejar, es como si recién se estuviera dando cuenta de que existe un mundo más allá de su casa y personas más allá de su familia.
Y me puse a pensar, sin ánimos de ser dramática, cuántas cosas lindas ya se perdió esta niña a sus cortos pero super, hiper importantes tres años?. Lo peor de todo, qué sensación tan desagradable puede tener en su alma y su cuerpito de que el mundo es un lugar peligroso? Muchas veces los padres queremos evitarles sufrimientos a nuestros hijos, remontándonos a nuestras propias malas experiencias de niñez, y esto es comprensible y totalmente natural, tratar de que ellos no pasen las cosas que para nosotros fueron desagradables, pero en este intento se cae en la exageración, en la paranoia de encerrar a los peques en burbujas de vidrio, privándolos de experiencias de aprendizaje ricas e inolvidables.
Es cierto, el mundo puede ser muchas veces un lugar peligroso, pero no por eso podemos ocultarlo, desaparecerlo. Los niños no están más seguros porque no los llevemos a la playa o no los saquemos en la noche o no vayan al parque, los niños están más seguros cuando experimentando infinitas situaciones (de acuerdo a su edad), aprenden a cuidarse, aprenden a confiar en sí mismos y a pedir ayuda cuando la necesiten.
La percepción que nosotros, como adultos, tenemos del mundo, de las personas, de nuestro país y de todo en general se traduce en nuestras actitudes, más que en nuestras palabras. Y eso es lo que los niños captan a través de sus cuerpos, de sus sensaciones.
Los niños, en su esencia más pura son confiados, abiertos y siempre están dispuestos a experimentar todo.
Conocer el mundo con lo bueno, lo bonito , lo malo, lo feo y lo más feo, se hace una aventura más exquisita si es de la mano alerta pero confiada de los propios padres. ¿Nos animamos?
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